8.29.2014

Creerse Nada.

Escríbeme en mayúsculas y cuélgame en tu puerta.
Que no hay mejor aviso que la propia experiencia.
No pasar. Lo mejor escrito, mejor no dicho.
Y decir en voz alta tu nombre no me ha llevado a otra parte que no fuera un quebradero de cabeza; me ha llevado a un quebradero, de cabeza.
Y ya bastante surcos tiene una en la piel como para ir hurgando en las entrañas.
Pero tú sigues, como si matar una vez no fuese suficiente, y te adentras con zapatos en mi vestíbulo.
Y mi corazón no está preparado para más pisadas.
Porque duele, igual que entrenar y no jugar el partido.
Y ahora me doy cuenta de que yo no tenía puesto en tu equipo.
Que sólo fui otra espectadora que desde la grada celebraba cada victoria.
Sólo era eso, y ahora ya no hay nada.
Porque no tengo ni ganas ni sentido. Ni pies para correr ni manos para alcanzar.
Ahora solo soy el café de las cinco de la mañana de cuando aún no te has ido a dormir.
Soy el papel arrugado que se amontona en el suelo de la vida de un escritor sin sentimientos.
Y es que soy de esas que no dan gracia ni las gracias.
Porque la experiencia, gran hija de puta, es la mejor profesora.

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