10.03.2013

No puedo enfrentarme a él; la droga nos hace adictos, y él es mi heroína.

Supongo que las cosas se nos escapan por miedo a aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Así que eso explica por qué llevo llevo años dejándole escapar, porque me da miedo coger alguna de las oportunidades que se ponen en mi camino y usarla a mi favor.
Huyo de ellas, las esquivo; me resulta imposible enfrentarme a él, a su ojos azules que hacen que mis pensamientos dejen de tener sentido, a su sonrisa que hace que se vuelvan locos mis sentidos; a su risa, que se quedó grabada en mi mente desde el primer momento, al sonido de su voz que hace eco en mis oídos. No puedo enfrentarme a él, porque la droga nos hace adictos, y él es mi heroína. No podría soportar ser una yonki de sus miradas o una dependiende de sus sonrisas.
Aunque supongo que podría coger una de las oportunidades. Aprovecharla, solo por ver si da resultado.
Pero supongo que soy cobarde, que más que enfrentarme a él, temo enfrentarme a un rechazo, a un mirada que se desvía y unos labios que gesticulan  un "no, lo siento".
Llevo años pensando que será así, que no sirve de nada intentarlo, que es preferible seguir idealizándolo en un pequeño rincón de mi mente, seguir observándole con cuidado mientras él no mira, callándome cuando está cerca y envidiando a aquéllas otras que sí se atreven a coger las oportunidades y acercarse a él.
Porque todo me indica que será así, aunque siempre hay una pequeña parte de mi, una parte que no entiende de fracasos porque no atiende a la cordura, y que siempre que le tengo cerca susurra con esperanza: "¿y si sale bien?"

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